Comedor

comedor

Esta habitación, una estancia amplia con dos ventanas, acogía la escena diaria de la comida principal de la familia. Una vez que se había puesto la mesa, había que avisar al padre, a Lope, y convencerle de que se apartara de su mesa de trabajo para empezar a comer. Al parecer, era su hijo Carlos Félix el que más fácilmente le convencía de que abandonara la pluma.

“Llamábanme a comer; tal vez decía
que me dejasen, con algún despecho (…)
Pero de flores y de perlas hecho,
Entraba Carlos a llamarme y daba
Luz a mis ojos, brazos a mi pecho.
Tal vez que de la mano me llevaba,
me tiraba del alma y a la mesa
al lado de su madre me sentaba”

Atendiendo a la obra de Lope puede decirse que no fue un hombre especialmente entendido en cuestiones gastronómicas, aunque sí parece que le tentaba el dulce, “que es lo que acá no sabemos”, escribió en una carta, refiriéndose seguramente al escaso talento repostero de su cocinera, Lorenza Sánchez. Además de mesa, silla y alacenas, en este cuarto se muestran hoy algunos bodegones (depósitos del Museo del Prado) y dos candiles tradicionales.

Cocina

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Nunca se ha conocido la ubicación primitiva de la cocina de la casa de Lope de Vega, aunque, lo más probable es que ésta se encontrara en la planta de entrada y no en la principal, que es donde ahora se puede ver. Los usos de la época y la lógica apuntarían más a esa planta baja, donde tendría fácil acceso al huerto y al pozo. 

Azorín no pudo, tras una visita a la casa, resistir la tentación de subrayar cierta incoherencia en la ubicación de la cocina, y auxiliado por los comentarios de dos mujeres de Bétera que conocieron con él el edificio, se preguntaba cómo había podido Lope encontrar la paz necesaria para escribir teniendo justo al lado todo el ajetreo de los cacharros y las cazuelas.

En la reconstrucción de esta habitación se colocó un fogón bajo y abierto y se añadieron los enseres de las cocinas de esa época. También se colocó un armario alacena, un locero con platos del siglo XVII, una tinaja para el aceite y algún cacharro de cerámica popular.

Alcoba de las hijas

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Feliciana, heredera universal de Lope, y Antonia Clara fueron las dos hijas del poeta que más tiempo estuvieron con él. Hoy se muestra un aposento como el dormitorio de ambas, aunque no existe ningún dato que acredite la ubicación que se ha elegido para él. En esta habitación se han incluido detalles que ayudarían a reconstruir el auténtico cuarto. Dos camas con sus pabellones correspondientes –de paño azul, la pequeña, y de grana verde, la otra–, silla, mesa baja, taburete, un cofre para ropa, una sillita de costura, un velón y una pila benditera completan el decorado.

La habitación de las damiselas esconde uno de los momentos más dramáticos de la vida del poeta, el del angustioso descubrimiento del rapto de su hija Antonia Clara, una mañana de verano de 1634, en que Lope no encontró a la joven y en su lugar vio un cuarto inusualmente desordenado ("de las reliquias y no santas, confuso estaba el suelo”).

Aquel fue, sin duda, el episodio más doloroso y amargo de la vejez de Lope de Vega. “Cubrióse entonces de un humor sangriento / el corazón; las lágrimas heladas / no me dejaban ver el aposento”.

Cuarto de huéspedes o del capitán Contreras

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Con esta habitación, la más independiente de toda la casa, se quiso ambientar un cuarto de huéspedes y al mismo tiempo recordar la figura del personaje más aventurero que pasó por la casa de Lope, Fray Alonso de Contreras. El militar, autor de Las aventuras del capitán Alonso de Contreras, vivió durante varios meses en la residencia de Lope. En sus memorias dejó escrito: "Sin haberle hablado en mi vida, me llevó a su casa (...) Y me tuvo por su camarada más de ocho meses, dándome de comer y cenar, y aun vestido me dio. ¡Dios se lo pague!"

En la habitación se colocó, para ambientar este tipo de cuartos corrientes en la época (existía la Regalía de Aposento: obligación de los ciudadanos de hospedar en sus casas a los miembros del séquito real), una cama completa con dosel y cortina, un sillón frailero, una silla, tres taburetes, velón y candil, y lavamanil y jarrito.