Sí, Lope de Vega ganaba dinero con las representaciones de sus comedias y con sus libros. De hecho, ganaba bastante dinero, hasta el punto de que sus ingresos suponían unas sumas sin precedentes en el teatro.

A pesar de que Lope percibiera buenos dividendos, éstos no eran suficientes para él. El cierre de los teatros durante largas temporadas por orden del rey y las dos familias que el poeta mantuvo bastante años de su vida le obligaron a buscar ganancias extra, lo que hizo poniéndose al servicio de nobles como secretario.

Existen varios documentos que reflejan las cantidades que Lope recibió por sus obras. Ahí están los finiquitos de la compañía de Pedro Valdés, los recibos del Alcázar Real, de la compañía de Gaspar Porres, de Pedro Jiménez Valenzuela… Lope ganaba, por cada comedia que entregaba para su representación, alrededor de 500 reales, pero también hay provechosas excepciones, como demuestra un recibo de orden de la reina por valor de 150 ducados por “el servicio de la comedia El vellocino dorado”.

Los mecenas, personajes o instituciones que protegían a los creadores, eran la gran aspiración de escritores y otros artistas en el barroco. Todos perseguían algún mecenazgo nobiliario o regio. Lope en sus últimos años, entre 1627 y 1635, trabajó para conseguir la protección de la Corona y se debatió como artista entre la adulación y la decepción para conquistar ese mecenazgo estable.

Fue el poeta más rico y más pobre de nuestros tiempos. Más rico porque las dádivas de los señores y particulares llegan a diez mil ducados; lo que le valieron las comedias contadas a quinientos reales, ochenta mil ducados; los autos, seis mil; la ganancia de las impresiones mil seiscientos”
(Juan Pérez de Montalbán)

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