mil-obras

Sí y debe ser un caso único. No debe haber en la literatura universal otra obra tan abundante como la de Lope de Vega. Empezó a escribir en la infancia, cuando solo tenía diez o doce años y siguió, sin tregua, hasta su muerte. Sin embargo, es imposible saber el número exacto de obras de teatro que escribió, en parte porque para rentabilizar su prestigio se le atribuyeron a lo largo de su vida muchas comedias que no eran suyas. El propio Lope se encargaba de ese autobombo y proclamaba su fecundidad literaria. “Y más de ciento en horas veinte y cuatro, pasaban de las musas al teatro”.

Su biógrafo Juan Pérez de Montalbán adjudica a Lope de Vega la cifra fabulosa de 1.800 comedias y 400 autos, pero el propio Lope cita en la Égloga a Claudio la cantidad de 1.500 comedias.

A esta monumental producción teatral hay que añadir la composición de cientos de poemas líricos, la escritura de más de media docena de extensos poemas épicos o épico-narrativos y la creación de tres novelas largas, cuatro novelas cortas y la ‘acción en prosa’ (al modo de La Celestina) La Dorotea, además de un abundante epistolario.
Lope tenía una facilidad pasmosa para escribir textos y obras de teatro, sin embargo, tal y como evidencian dos de los tres códices manuscritos que se conservan del poeta, para la poesía no tenía tanta soltura. Para escribir un soneto (catorce versos endecasílabos), el autor escribía y tachaba 58 líneas, según el Códice Pidal, en el que, por cierto, se incluyen cerca de cuarenta poemas inéditos.

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Su madre fue Francisca Fernández Flórez y su padre Félix de Vega Carpio, maestro bordador, ambos procedían de las montañas de Cantabria.

Lope tuvo cuatro hermanos: Francisco, Juliana, Luisa y Juan. El poeta pasó parte de su infancia en casa de su tío, don Miguel de Carpio, Inquisidor de Sevilla.

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